T

2022-05-14T07:00:00.0000000Z

2022-05-14T07:00:00.0000000Z

Grupo Nacion

https://lanacioncostarica.pressreader.com/article/281487869947549

Portada

ras un parón de cinco años entre 2010 y 2015, el sector de investigaciones biomédicas experimenta una reactivación acelerada: en este momento Costa Rica acoge unos 200 estudios en el sector privado y más de 400 en el público. Sin embargo, las empresas de ciencias de la salud claman por un elemento pendiente: la posibilidad real de hacer ensayos clínicos Fase I (los que incluyen aplicaciones por primera vez en seres humanos). Este tipo de investigación es el que marca el inicio de las pruebas de seguridad en nuevos medicamentos, vacunas, procedimientos, tratamientos y dispositivos de salud. En Costa Rica está permitido desde 2014, con la entrada en vigencia de la Ley Reguladora de Investigación Biomédica (9234),y normado en el reglamento de esta ley, de marzo de 2015, pero aún se carece de la estructura para su autorización. A pesar de este obstáculo, el marco legal de 2014-2015 y la posterior aprobación del Reglamento de investigación biomédica de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), impulsan la creación de un ecosistema de investigación incipiente. El reglamento de la CCSS entró en vigencia apenas en marzo de 2021 y ha provocado un aumento en las expectativas sobre el sector. El encadenamiento actual involucra distintos actores: desde laboratorios farmacéuticos y de equipos médicos que promueven y financian estudios clínicos, como Roche, Pfizer, Bayer, Medtronic o Boston Scientific, entre otras, hasta organizaciones académicas como la Universidad de Ciencias Médicas (Ucimed) y Universidad de Iberoamérica (Unibe) que participan en la revisión y aprobación de protocolos mediante sus comités éticos científicos (CEC). Otros jugadores clave son los prestatarios de servicios de salud, como profesionales independientes, laboratorios, clínicas y hospitales, entre ellos Clínica Bíblica, Metropolitano y Cima, los cuales participan en los estudios mediante la atención de los pacientes reclutados para ese fin, y dando pasos hacia la especialización. El Hospital Metropolitano abrió un centro de investigación en su sede de Lindora y además opera unidades especializadas en cáncer, hematología o salud mental, para seguimiento de pacientes. El Hospital Clínica Bíblica creó un centro para la innovación, con personal dedicado y nombró una gerencia para esa área. Ambos están certificados por el Consejo Nacional de Investigación en Salud (Conis) y han desarrollado 15 estudios cada uno. El interés de las empresas patrocinadoras se manifiesta en diferentes tipos de inversión: Pfizer, por ejemplo, en el año 2014 creó el Instituto Pfizer para la Ciencia e Investigación (IPCI), con sede en Costa Rica y operaciones en Centroamérica y República Dominicana. En otro caso, Roche tiene 19 estudios clínicos activos en Costa Rica. El 84% son en oncología: nueve en cáncer de pulmón de diferentes tipos, tres en cáncer de mama, dos en cáncer de hígado, uno en cáncer cervicouterino y uno en cáncer de próstata. El 16% restante se ubica en otras áreas (hemofilia, esclerosis múltiple e influenza). Y Bayer, además de aplicar estudios simultáneamente en varios centros médicos del país, asumió un rol como miembro activo de Fedefarma y participó en la revisión detallada de la normativa local y las propuestas de contenido apoyando la implementación del reglamento de la CCSS. En la segunda mitad de 2021, Roche y Bayer anunciaron inversiones de $100 millones y $200 millones respectivamente, para infraestructura y nuevas operaciones especializadas a largo plazo en el país. También organizaciones como la Universidad de Costa Rica han encontrado oportunidades en la habilitación legal de las investigaciones biomédicas, pero la casa de educación superior desarrolla su potencial en solitario y mediante colaboraciones con otras universidades. Además, recurre a instituciones internacionales para obtener financiamiento. Uno de los casos con reconocimiento internacional fue el dirigido por el microbiólogo Rodrigo Mora, que hizo aportes para descifrar una de las incógnitas más antiguas acerca de la naturaleza del cáncer: ¿Cómo es posible que una célula cancerosa con más de 50 o 100 cromosomas logre proliferar si, en otros casos, un solo cromosoma extra puede matar una célula sana? El equipo descifró

es-cr