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2022-05-14T07:00:00.0000000Z

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a investigación médica va desde la observación, para aprender cómo se comporta una enfermedad hasta determinar la seguridad y efectividad de medicamentos, dispositivos o procedimientos médicos y quirúrgicos. En Costa Rica aún se requiere estructura administrativa adicional para los estudios iniciales de pruebas con seres humanos (los de Fase I) y de bioequivalencia (los que prueban si un medicamento genérico tiene la misma eficacia terapéutica que el original), pero todos los demás tienen ejemplos en desarrollo. En mayo de 2022, la Cámara de la Salud reportó a EF que el sector privado mantenía 212 estudios en el país, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) otras 187 investigaciones y a estas se deben sumar las que aplica el Ministerio de Salud como parte de sus competencias y las que surgen en unidades de investigación de la Universidad de Costa Rica (UCR), 216 más al momento de esta publicación. Catalina Ulloa, directora del Metropolitano Research Institute (MRI), del Hospital Metropolitano, explicó que para el desarrollo de nuevos y mejores tratamientos, el camino es largo y se debe pasar por diferentes etapas. “La primera de ellas es, en definitiva, la investigación básica que es aquella que se desarrolla en los laboratorios en modelos in vitro y donde se estudian las diferentes moléculas que pueden tener un beneficio terapéutico. Posteriormente, se tiene lo que se conoce como investigación translacional, que justamente tiene como objetivo trasladar el conocimiento generado en las investigaciones básicas en resultados que tengan un impacto positivo a la salud y pueda ser aplicado en la clínica”, comentó Ulloa. En general, los proyectos que se desarrollan en el país se dividen en observacionales o intervencionales. La UCR concentra sus actividades en la primera categoría, con estudios de investigación clínica observacional y de ciencias básicas, que tienen el objetivo de aumentar el conocimiento. Estos pueden ser descriptivos o analíticos. La CCSS también investiga en estos campos. Los estudios intervencionales son los que requieren pruebas en seres humanos y pueden ser exploratorios (fases I y II) o confirmatorios (fases III y IV). Estos son los que tienen como protagonistas a los patrocinadores del sector privado. La Ley Reguladora de Investigación Biomédica (9234) incluye las fases para vacunas y medicamentos, y las empresas abogan porque se incorporen las correspondientes para pruebas con procedimientos y dispositivos médicos. Otro nivel de investigación estadística, conocido como metanálisis, no aparece en la norma. En promedio y según su complejidad, los estudios suelen desarrollarse en periodos de entre tres y cinco años, aunque casos recientes han dado resultados tras nueve años de investigación (desde la aprobación de la Ley 9234). Ante la imposibilidad de desarrollar estudios Fase I y de bioequivalencia en Costa Rica, los patrocinadores traen investigaciones de Fase II, III o IV. Massimo Manzi, director ejecutivo de la Cámara Costarricense de la Salud, señaló la necesidad de trabajar en los aspectos normativos pendientes y agilizar la implementación de estudios dentro del sector público, pues las alianzas con la CCSS abren la posibilidad para investigaciones a gran escala y esto atraería más actores importantes, tanto del sector farmacéutico como de dispositivos médicos. La Ley 9234 especifica que los estudios deben ser gratuitos y voluntarios: la única remuneración posible para las personas participantes es el monto por los gastos en que incurran por su participación. Además, en su artículo 28, la ley incluye un derecho a disfrutar de los beneficios que resulten de la investigación: “Los participantes en una investigación clínica tendrán derecho a disfrutar gratuitamente, mientras lo requieran, de los tratamientos preventivos, terapéuticos y diagnósticos generados por el estudio, si se ha demostrado que estos son beneficiosos para la salud (...)”. Algunos pacientes participan en este tipo de investigaciones porque no hay tratamientos disponibles para ellos o porque los existentes no les han funcionado. Todos deben hacerlo voluntariamente y tras firmar un consentimiento informado, cuyas características están definidas en la ley, con estándares internacionales científicos y éticos. El órgano responsable por la aprobación y fiscalización de estos procesos y de sus investigadores es el Consejo Nacional de Investigación en Salud (Conis). Fase I: se refiere a la primera introducción de una vacuna en ensayo en una población humana para determinar inicialmente su seguridad y sus efectos biológicos. Esta fase puede incluir estudios de dosis y vías de administración. Fase II: se refiere a los ensayos iniciales para determinar la efectividad de la vacuna en un número limitado de voluntarios; esta fase se centra en la inmunogenicidad. Fase III: tiene como objetivo evaluar de forma más completa la seguridad y la efectividad en la prevención de enfermedades, involucrando un número mayor de voluntarios en un estudio generalmente multicéntrico adecuadamente controlado. Fase I: introducción de un medicamento en seres humanos por primera vez. Participan sujetos voluntarios sanos para evaluar en qué niveles de uso del fármaco se observa toxicidad. Se prosigue con los estudios de dosis-respuesta en los pacientes para determinar la seguridad del medicamento y, en algunos casos, indicios iniciales de su efectividad. Estos estudios se proponen establecer una evaluación preliminar de la seguridad. A esta fase pertenecen, además, los estudios de bioequivalencia (demostrar que un medicamento genérico tiene la misma eficacia terapéutica que el medicamento innovador de referencia). Ambos están permitidos por ley pero bloqueados en la práctica, ya que deben ser autorizados por un Comité Ético Científico Central que el Ministerio de Salud aún no ha creado. Fase II: ensayos clínicos controlados, diseñados para demostrar la efectividad y la seguridad relativa. Generalmente se efectúa en un número limitado de pacientes estrechamente supervisados. Fase III: se realiza después de establecer una probabilidad razonable de la efectividad del medicamento y tiene como objetivo obtener información adicional de su efectividad para indicaciones específicas y una definición más precisa de los efectos adversos asociados al medicamento. Esta fase incluye estudios controlados y no controlados. Fase IV: controles y estudios aplicados después de que se haya aprobado la distribución o comercialización. Pueden incluir investigación destinada a explorar un efecto farmacológico específico, frecuencia de las reacciones adversas o determinar los efectos de la administración a largo plazo. La fase IV se pueden extender a lo largo del ciclo de vida del producto.

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