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Revista Dominical - 2021-10-10

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TINTA FRESCA EL ROMPECABEZAS de la vida

EN ESTA EDICIÓN

KATIANA MURILLO murillo.katiana@gmail.com Luis Bonilla

En el rompecabezas de la vida, cada pieza tiene una razón de ser. Nunca he sido fanática de los rompecabezas, pero he armado varios en mi vida y ayudado a otros a hacerlo. La verdad es que no tengo tanta paciencia para ir buscando dónde calza cada pieza, en especial en aquellos de más de 1000 piezas, aunque sí puedo entender la emoción del reto que significa darle forma hasta completarlo. Nadie se escapa, eso sí, de tener que descubrir por qué cada pieza es importante y cómo se conectó con otra en el rompecabezas de la vida. Eso es lo que al final nos lleva por caminos que ya se vislumbraban o que eran totalmente insospechados. Y si esto es positivo o no dependerá de muchas cosas, como nuestra actitud y empuje para no tirar la toalla, así como la fe y confianza de que todo, en algún momento y de alguna forma, se terminará acomodando, no importa si se pasa por un trago muy amargo y sin salida aparente. Decía Steve Jobs, el famoso fundador de Apple, que no se pueden conectar los puntos mirando hacia adelante, solo hacia atrás y confiar en que estos se conectarán de alguna manera en el futuro. Son exactamente esas piezas las del rompecabezas mayor de la vida. Lo dijo alguien que fundó una compañía exitosa, fue expulsado de ella y regresó con una versión mejorada de sí mismo. Tampoco dejó de seguir su pasión incluso cuando las cosas se pusieron difíciles y tuvo muchas dudas a lo largo de su vida. ¿Es fácil? No. Pero hasta las cosas que nos pueden parecer con menos sentido y más injustas tienen una razón de ser que, quizá, aún no veamos. Las entenderemos en el futuro cuando miremos hacia atrás. Esa puerta que se cierra, esa persona que se va, eso que se pierde o que no resultó como se esperaba, pueden verse más adelante como piezas importantes de una obra que, de lo contrario, hubiera quedado inconclusa y que hoy muestra todo su esplendor. Es posible que sea el precio de la libertad, la paz, el éxito o una mayor sabiduría y conciencia de sí y de los propios talentos para realizarse e influir positivamente en otros. Detrás, por ejemplo, de las admirables medallas de plata y oro del atleta paralímpico tico Sherman Güity, no solo hay una gran preparación, sino también muchas lágrimas. Sin ese accidente en motocicleta que tuvo en 2017 y por el cual le debieron amputar una de sus piernas, no hubiese estado en ese podio en Tokio cuatro años después con la bandera de Costa Rica en alto y un nuevo récord mundial, ni sería hoy la inspiración que es para muchísimas personas. Si creemos que todo al final tiene sentido y resulta ser para nuestro bien y el de quienes nos rodean, posiblemente llegaremos tan lejos como Güity en nuestra propia carrera, una que al igual que la suya es única. Porque lo más interesante de ese rompecabezas de la vida es que mientras estemos aquí sigue tomando forma con nuevas piezas. Muchas están ahí apartadas esperando formar parte del cuadro cuando sea su tiempo o ya son parte pero aún no permiten visualizar toda la obra; algunas piezas, por el contrario, pensamos que eran vitales y terminaron desechadas por no calzar o rotas por tratar de entrar a la fuerza. Unas parecían que eran las adecuadas, pero había otras en las que no se había reparado o se habían dejado de lado, que en realidad se conectaban de forma perfecta. Solo había que esperar y agudizar la perspectiva. Así cuando ese rompecabezas de la vida finalmente se termine porque tengamos que partir, ojalá podamos verlo en su total dimensión y entender que cada pieza, aún con su gran dificultad, tenía una razón de ser para ser parte integral de un magnífico cuadro.

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