Publication:

Teleguia - 2018-03-25

Data:

The Walking Dead y la muerte del ritmo semanal

ZAPPING

Víctor Fernández G. vfernandez@nacion.com

¿Recuerdan lo que era esperarse toda una semana para ver un nuevo episodio de su serie favorita? Parece una vida atrás pero en realidad sucedió hace poco, muy poco. The Walking Dead –que contra muchos pronósticos aún se mantiene al aire y con buena salud– solía ser de esas series que obligaban a ser consumidas a la vieja escuela: sentados frente al tele, mismo día a la misma hora. Esa constancia –en nuestros frenéticos e impulsivos tiempos de binge watching– se vuelve un reto solo digno de los televidentes más disciplinados. Y reconozco que no soy uno de ellos. Desde que empecé a consumir contenidos en Netflix de un modo regular hace un par de años (al menos tengo una serie activa en esa plataforma a la semana), aguardar siete días para ver una nueva entrega de cualquier programa se me hace aburridísimo. Nuestros ciclos de atención se afectaron irremediable desde que los servicios de streaming nos dieron el control sobre cuándo podemos ver los programas que nos gustan, y las madrugadas cobraron utilidad como horas hábiles para ver televisión de calidad. Así, aún a mi pesar, he dejado pasar la posibilidad de colgarme en su momento de estreno de series producidas y emitidas por canales de cable que de antemano sé son de altísima calidad, quizá porque tengo la seguridad de que eventualmente sus temporadas completas volverán a estar a mi alcance en algún servicio digital, tal y como me ha ocurrido con excelente material de FX que no consumí sino hasta que aterrizó de golpe en Netflix, como Legión, Fargo y American Crime Story. Aquella “vieja” práctica de apartar la misma hora de una noche dominical frente al tele hoy solo se la reservo a títulos imperdibles, especialmente de HBO. Por ejemplo, Game of Thrones es una serie que hay que ver sí o sí “en vivo” en el momento de su emisión, pues solo así se sobrevive al tsunami de spoilers en las redes sociales, aunque también fue ese el modo en que vi con paciencia la increíble Big Little Lies (sin duda la mejor serie que disfruté el año anterior). Todavía hasta el 2017, The Walking Dead me provocaba la misma devoción. Si bien la serie del apocalipsis zombi ya había dejado atrás su mejor momento, aún me gustaba lo suficiente como para sentir la necesidad de consumirla de inmediato. Sin embargo, al ingresar en la actual octava temporada mi afecto hacia ella disminuyó lo suficiente como para que ya no me quite el sueño. En medida en que The Walking Dead se enredaba más en tramas absurdas y desesperantes, mi interés giró a otros productos. De repente caí en cuenta que habían pasado cinco semanas sin ver ningún nuevo episodio de TWD... y sobreviví. Sé que el aún popular drama apocalíptico pronto cerrará su actual temporada y que eso me interesa muy poco. También sé que eventualmente me pondré al día con ella, ojalá de un solo tirón y de fijo en una plataforma de streaming... no lo puedo evitar.

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